miércoles, 22 de abril de 2015

La Vocación al Matrimonio Implica un Proceso

De Jesús de Nazareth nos dice el Evangelista S. Lucas que “crecía en sabiduría, en estatura y en gracia ante Dios y ante los hombres” (Lc. 2,52). Otro tanto hay que decir del hombre y de la mujer, como individuos, como pareja y como familia. El Beato Juan Pablo II en la Exhortación Apostólica post-sinodal Familiaris Consortio escribió: “el hombre es un ser histórico que se construye día a día con sus numerosas opciones inteligentes y libres; por esto, el hombre conoce, ama y realiza el bien según etapas de crecimiento y desarrollo” (n. 34).

También la vocación al matrimonio experimenta un proceso de evolución y desarrollo. Al matrimonio no se llega automáticamente, de sorpresa; la misma Familiaris Consortio alude a unas etapas: en la infancia el ejemplo de vida de los padres es una primera pista de orientación; la juventud constituye una segunda etapa cuando en el joven y en la joven salta la chispa de la atracción sexual; una tercera etapa es el momento del noviazgo.

Dentro de esta tercera etapa los psicólogos, pedagogos y pastoralistas han señalado cinco pasos progresivos a realizar:

-      El primer paso es el ENAMORAMIENTO; es el momento del encanto recíproco que siente cada uno por el otro: una simple mirada, llena de fuego puede suscitar la llamarada del amor. Pero el mero enamoramiento no es suficiente para decidir ya la celebración del matrimonio.

-      Al enamoramiento sigue la ELECCIÓN DEL OTRO(A) en vista a formar pareja humana; en este segundo paso deberán tener en cuenta muchos factores para garantizar una elección acertada: carácter, edad, nivel cultural, raza, religión, hobby, profesión, sentido de responsabilidad, etc. Se trata de hacer una elección libre e inteligente. Un psicólogo español ha escrito que “corazón y cabeza son la clave para construir una pareja feliz”.

-      A una elección bien acertada sigue EL COMPROMISO MUTUO mediante el cual cada uno dice al otro “te elijo para ser mi esposa(o) porque quiero vivir para ti”. Una canción muy conocida explica en qué consiste el amor verdadero: “amar es entregarse, olvidándose de si, buscando lo que al otro pueda hacer feliz. Comprometerse a amar de verdad a la otra(o) como esposa(o) es decirle, como afirma un filósofo, “quiero que vivas para siempre”.

-      Al compromiso mutuo sigue un paso también muy importante: EL PROYECTO COMÚN DE VIDA DE PAREJA. En este momento la pareja comienza a pensar ya no como un YO o un TÚ, sino como un NOSOTROS: nuestro amor, nuestro hogar, nuestros hijos, nuestro futuro, nuestra vida, nuestra casa… De aquí que entre la gente se diga del viudo(a) que es un medio muerto o un medio vivo. Este ‘proyecto común’ exige formar la conciencia de ser pareja, de ser ‘una sola carne’, o sea, un auténtico nosotros’.

-      El quinto paso lo constituye el ACOGER dentro del proyecto común EL PLAN DE DIOS SOBRE LA PAREJA HUMANA. Muchas parejas han hecho esta acogida en momentos diferentes: unas desde el noviazgo, otras después de un retiro espiritual, otras después de una experiencia particular de fe cristiana. Cuál es el plan que Dios propone a la pareja humana como ideal a realizar en su vida?. Llegar a ser una verdadera comunidad de amor y de vida, llegar a ser una pequeña iglesia doméstica, un ‘icono’ de la Trinidad divina; en síntesis, ser Símbolo – Sacramento- de la alianza de Dios con su pueblo, de Cristo con la iglesia, su Esposa.

Dios propone a la pareja un proyecto ambicioso, pero posible. Él ofrece su gracia, su apoyo y compañía para realizar con acierto estos cinco pasos. La vida conyugal y familiar es un verdadero proceso de crecimiento en el amor sobre todo; con razón que los enamorados se digan entre sí “hoy te amo más que ayer, pero menos que mañana”. Esta deberá ser la consigna a realizar todas las parejas humanas y, sobre todo, las parejas cristianas.

Este amor de pareja tiene cuatro cualidades específicas, señaladas por Pablo VI en la Humanae vitae: plenamente humano, total, fiel y exclusivo, fecundo (n. 9). Maurice Blondel, un filósofo del personalismo, decía con razón del matrimonio: “los dos queriendo ser uno solo, se convirtieron en tres”, es decir, padre, madre e hijo(s). El proceso descrito culmina haciendo de la pareja–familia célula vital de la sociedad: una pareja-familia sana es augurio de una sociedad sana.

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miércoles, 15 de abril de 2015

Es Necesaria y Urgente La Pastoral Pos-Matrimonial

San Juan Pablo II en la Exhortación Apostólica Familiaris Consortio (1980) dedicó la cuarta parte de esta exhortación a la ‘pastoral familiar’, y dentro de ella el numeral 69, a la pastoral pos-matrimonial; de este tipo de pastoral afirma el Papa: “el cuidado pastoral de la familia normalmente constituida significa concretamente el compromiso de todos los elementos que componen la comunidad eclesial local en ayudar a la pareja a descubrir y vivir su nueva vocación y misión. Para que la familia sea cada vez más una verdadera comunidad de amor, es necesario que sus miembros sean ayudados y formados en su responsabilidad frente a los nuevos problemas que se presentan, en el servicio recíproco, en la participación activa a la vida de familia” (n. 69).

Pero, quizás haya que cuestionar un poco los llamados ‘Cursos pre-matrimoniales’: cuánto tiempo duran? Qué temática se desarrolla en ellos? Con qué metodología se llevan a cabo? Qué participación se da a los interesados? Este cuestionamiento tiene un fundamento si nos preguntamos cuánto tiempo toman el médico, el abogado, el ingeniero, el sacerdote, para prepararse al desempeño de su profesión?

La vida matrimonial y familiar es comparable con una auténtica profesión que exige vocación y capacitación. Es frecuente escuchar la queja de esposos y padres de familia que se lamentan de que no los prepararon para afrontar las crisis conyugales y el problema de la educación de los hijos. Siendo frecuentemente tan breve el curso pre-matrimonial, se impone la necesidad de continuar la capacitación para el desempeño acertado de tan digna y meritoria vocación como es la vida matrimonial y familiar.

De aquí la urgencia de organizar la ‘pastoral pos-matrimonial’. “Esto vale sobre todo, escribe el Papa, para las familias jóvenes, las cuales, encontrándose en un contexto de nuevos valores y nuevas responsabilidades, están más expuestas, especialmente en los primeros años de matrimonio, a eventuales dificultades, como las creadas por la adaptación a la vida en común o por el nacimiento de los hijos” (FC. n. 69).

En otro tiempo el ejemplo de los padres y sus consejos ayudaron a las nuevas generaciones de esposos; hoy esto no parece posible porque la crisis de generaciones, el fenómeno del cambio, la problemática actual social, han complicado la situación; y esto porque los métodos tradicionales parecen desfasados y las nuevas generaciones dan poco crédito a lo tradicional. Ciertamente, no es fácil para los esposos y padres de familia de nuestro tiempo hacer frente a la complejidad de nuestro medio ambiente.

Cómo hacer para organizar algo práctico, sencillo y efectivo que remedie esta necesidad urgente de la pastoral pos-matrimonial?. Una primera medida será escuchar a los padres de familia para conocer los problemas más frecuentes, las necesidades más urgentes que los aquejan. A partir de este sondeo es posible ofrecer ciclos de conferencias-diálogo con expertos en la problemática familiar y conyugal para orientar a los padres de familia (El VIII Encuentro Mundial de Familias a realizarse en Philadelphia en el mes de septiembre, será una magnífica oportunidad)

Las escuelas, colegios, las parroquias, podrán organizar sesiones de asesoría matrimonial y familiar. Algo mejor estructurado son las Escuelas de padres de familia que ofrecen a los esposos un servicio periódico y sistematizado sobre temas diversos de orientación conyugal y familiar. Incluso, las universidades de psico-pedagogía, de ciencias religiosas, de educación, etc, pueden prestar un valioso servicio a este propósito.

Una cosa es muy cierta: el apoyo, la asesoría, la ayuda que se preste a las familias es una contribución muy útil a la misma sociedad. Siendo “la familia la primera escuela de las virtudes sociales”, la célula vital y fundamental de la sociedad” –como afirma el Concilio Vaticano II- trabajar por el bien de la pareja-familia es preparar la sociedad del mañana. Preocuparse seriamente por los hombres y mujeres que mañana serán los agentes de la comunidad humana es preparar un futuro mejor del que estamos viviendo.

Más que elaborar leyes para regular los desenfrenos de la actual sociedad, es necesario educar al hombre y a la mujer del futuro. Parecería que la educación que se imparte hoy es más instrucción que una auténtica formación.

La pastoral pos-matrimonial es una necesidad, una urgencia si queremos un futuro mejor. Es muy del caso preguntarnos: los padres de familia de hoy qué nietos desean tener?. Con qué modelo de sociedad soñamos para mañana?

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miércoles, 8 de abril de 2015

Una Etapa Importante en el Desarrollo del Niño...

Los padres de familia encuentran dificultad para comprender y acompañar el proceso evolutivo de sus hijos: de infante a niño, de niño a adolescente, de adolescente a joven, de joven a adulto. A veces tratan al joven como si todavía fuera un niño y el joven quiere otro trato. Es necesario que los padres de familia, y también los educadores, conozcan el camino que la persona humana va realizando desde la cuna hasta la vida adulta.

Los psicólogos, con cierta sintonía entre ellos, han intuido cuatro etapas:

-           La anomía que va desde el nacimiento hasta los cuatro años; en esta etapa el infante identifica el bien con el placer, el mal con el dolor.    

-          La heteronomía va desde los 4 hasta los 8 años; en este período prevalece la autoridad de los padres y el niño acepta fácilmente la obediencia; identifica el bien con el premio y el mal con el castigo. 

-          La socionomía es un momento especial: va desde los 8 hasta los 16-18 años; el adolescente identifica el bien con la alabanza y el mal con la censura, con la crítica. Ya no prevalece tanto la autoridad de los padres, sino el influjo del compañero, del amigo. 

-          La autonomía a partir de los 18 años. El joven ya se siente autónomo, independiente; pero, se debe advertir que esta autonomía no puede ser absoluta; siempre será relativa. El joven identifica el bien con la coherencia entre lo que piensa que es bueno y lo hace, y el mal con la incoherencia entre lo que piensa como bueno y, sin embargo, hace el mal.

La persona humana en su proceso evolutivo no llega de un salto a la autonomía; necesita superar unas etapas que lo llevan gradualmente a la plenitud; estas etapas van haciendo del ser humano una persona y lo van integrando en la comunidad humana; los mejores acompañantes en este proceso serán los padres de familia y los educadores que son conocedores de la complejidad de este camino. Muchas veces los padres de familia y los educadores, no siendo conscientes de lo que implica hacer este camino, fallan en la educación de la niñez y de la juventud.

Estas cuatro etapas son a cual más importantes. Pero hoy, por razón del clima social en que vivimos, la tercera etapa (la Socionomía) es particularmente difícil; durante las dos primeras etapas (anomía y heteronomía) los padres de familia ejercen la autoridad sobre los hijos sin ningún problema; pero al llegar a los 8 ó 10 años la autoridad paterna y materna se torna difícil porque en este momento serán los amigos, los compañeros de escuela, quienes ejercerán sobre el adolescente un influjo mayor que el de los padres. Un caso concreto: el adolescente prefiere el castigo de los padres en casa a la crítica o censura de sus compañeros o amigos. Durante esta etapa de la socionomía el influjo externo de la barra de amigos, de la escuela, de la sociedad, es más fuerte que el dominio de los padres: la moda, el deporte, el celular, las diversiones, la tv., la propaganda, etc. hacen su impacto sobre el adolescente.

En nuestro tiempo, a causa del ambiente permisivista que predomina, los padres de familia dejan hacer su pretexto de respetar la voluntad del hijo. A veces, los padres de familia dan todo a cambio de nada. Cuándo enseñarán a sus hijos a corresponder al esfuerzo, al sacrificio de los padres por satisfacer sus necesidades?

El suicidio juvenil, y ahora el suicidio infantil, tienen su raíz en este hecho de dar todo a cambio de nada y no exigir la debida correspondencia: respeto, obediencia, mejor rendimiento en el estudio, colaboración en los quehaceres de casa, etc. Cuando los padres no pueden, por razones diversas, satisfacer las exigencias del hijo, éste recurre al chantaje, a la amenaza, e incluso, recurre al suicidio, como ya ha sucedido muchas veces.

La sociedad de consumo sabe muy bien que ganándose a los adolescentes y jóvenes para hacerles consumir sus ofertas, ha asegurado la clientela para muchos años futuros; tiene la garantía de contar con muchos consumadores. El adolescente, el joven, cuya escala de valores la recibe de la sociedad de consumo con sus ‘slogans’, como adulto seguirá en esta misma línea de conducta.

El diálogo, la motivación oportuna, la promoción de valores humanos auténticos, serán la clave para mantener los padres de familia el influjo sobre sus hijos adolescentes, y contrarrestar, en alguna medida la influencia de la sociedad de consumo o el influjo negativo de amigos y compañeros.
Una advertencia para los padres: nunca dos autoridades; éste es uno de los grandes errores: uno dice una cosa y el otro dice otra. Los hijos se aprovechan de la desunión de los padres, para sacar partido a su favor; pero quisieran ver a sus padres unidos y contentos, aunque esto no les servirá para sus caprichos egoístas. Deliberar y decidir juntos es la gran receta.

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martes, 31 de marzo de 2015

Eligiendo las Lecturas

Ok. Siento que la vida se ha vuelto un poco loca este mes. Primero, hubo un poco de drama con la boda. Para los que no leyeron la última publicación, el sitio para la recepción que habíamos reservado el julio pasado se cerró en Febrero y nos dejó buscando un lugar alternativo. Por fin encontramos un sitio cuando otra pareja en el listado de espera decidió no tomar el sitio.

También, hace poco empecé mi nuevo trabajo como profesora de inglés en la Universidad de Chile. Como se pueden imaginar, planear una clase nueva como profesora de primer año ocupa mucho tiempo así que entre ello y preparando mi tesis de maestría, he estado trabajando muy tarde por las noches (y probablemente será así por el resto del semestre). Juan acaba de terminar su práctica profesional y regresó a la universidad para lo que parece que será un semestre difícil.

Pero, entre toda esta actividad surge la cuaresma llamando a la tranquilidad, crecimiento espiritual, conversión, y reflexión. Ha sido muy difícil realmente entrar en el espíritu de la cuaresma con todas estas nuevas actividades en nuestras vidas y toda la locura que las acompaña. Mientras he adherido a mi sacrificio de cuaresma, el libro que planeaba terminar, Introducción a la vida devota (el cual es fantástico por si acaso) está todavía en mi velador desde enero sin leer. Aun así, Juan y yo creemos firmemente que si algo es importante, uno siempre puede hacer tiempo para ello. En la próximas semanas vamos a intentar dar más tiempo para la fe, para nuestra novena de boda, para la misa en la catedral, y para las actividades provida en la cuales vamos a estar participando.

En toda esta locura, una cosa que sí hemos hecho como una pareja en esta cuaresma es elegir las lecturas de la boda. Sí no has planeado tu misa de boda todavía, déjame decirte que esta es una de las mejores partes de planear tu día. En verdad, estuve bastante sorprendida cuando vi cuantas opciones hay para las lecturas, los salmos, las peticiones, y las bendiciones. Es fantástico porque te da la oportunidad de reflejar tu propia vocación dentro de la vocación de matrimonio, y como Dios ha hablado a ustedes como  una pareja, y luego ver eso reflejado en las lecturas y oraciones de tu boda.

Juan y yo empezamos a pensar en las lecturas para nuestra boda cuando hicimos un retiro para preparación matrimonial en el pequeño pueblo de Marathon, WI en Julio 2014. Tuvimos que hacer el retiro requerido en este tiempo ya que sabíamos que estaríamos fuera del país hasta casi la fecha de la boda. El retiro tuvo lugar en un monasterio hermoso convertido en un centro de retiro con un bosque alrededor y un riachuelo que cruza la propiedad. Al final del primer día, decidimos leer juntos las opciones para las lecturas en el librito que nos habían entregado mi parroquia. Mientras las leíamos y orábamos con ellas, escogimos algunas de nuestras favoritas.

Desde ese día no habíamos específicamente mirado las lecturas de nuevo. Es interesante porque, creo que si hubiéramos reunido, digamos, cuatro veces para elegir las lecturas, podríamos haber elegido cuatro lecturas distintas. Cuando vimos las lecturas hace una semana antes de la Misa, decidimos rápidamente la primera lectura, la de Tobías en lo cual Tobías y su novia Sara empiezan su matrimonio con una oración pidiendo la bendición de Dios. Juan especialmente quería esta lectura, ya que la parte que describe el plan de Dios en la creación para el matrimonio y la parte con la oración para vivir juntos hasta un vejez feliz son muy significativas para él. Para el evangelio, elegimos sin mucha dificultad la lectura en la cual Jesús cita a Génesis para explicar el plan de Dios para el matrimonio. La segunda lectura era más difícil elegir. Habíamos pensado antes que usaríamos a Efesias (Maridos, amad a vuestras mujeres como Cristo amó a su Iglesia) o Corintios (El amor es paciente, es bondadoso). Aunque las dos son lecturas muy hermosas, y muy ricas en teológica matrimonial, no estuvimos seguros de ellas. Mencioné que me había gustado la lectura de Filipenses (2:4-9), aunque no la recordaba muy bien. Mientras la leíamos juntos en silencio, pensé que esta era la lectura. Juan expresó lo mismo cuando terminó de leer y dijo, “Esta es.”

La lectura de Filipenses, mientras tal vez menos usada que las otras que estuvimos considerando, es también muy hermosa. Empieza con la exhortación de “alegrarse siempre en el Señor” y “no angustiarse por nada,” sino poner nuestra confianza en el Señor. Finalmente, se concluye con una instrucción a enfocarnos en todas las cosas verdaderas y nobles, justas y puras mientras vamos caminando en nuestras vidas de fe. Un consejo sencillo, pero profundo y a veces muy desafiante. Es como un manual práctico para vivir una vida matrimonial feliz y sana.

Redescubrir y luego elegir esta lectura para nuestra boda ha sido para mí un verdadero regalo durante el tiempo ocupado en nuestras vidas porque nos recuerda a dar prioridad a las cosas más importantes y “no angustiarnos por nada,” y una invitación de Dios a siempre confiar en él.


Así que si no has elegido tus lecturas todavía, espero que disfrutes mucho de esta maravillosa oportunidad para descubrir lo que Dios quiere decir de ustedes y a ustedes cuando empiecen su vida matrimonial. Qué se diviertan descubriendo cuales son las lecturas más significativas para ti y tu novio/a y por qué. Seguramente va a ser una de las preparaciones más importantes que harán juntos.

miércoles, 18 de marzo de 2015

Planes Para la Boda ‘Perfecta”

Hace unas semanas estaba hablando sobre planes de boda con una amiga de la universidad (que también va a ser una madrina de la boda). Ella se casó con su esposo el septiembre pasado, así que pensé que como ya había pasado por el proceso si misma, me podría dar un buen consejo al respecto.

Cuando la pregunté, entonces, que sería este consejo, no vacilo ni un momento y me dijo, “No te preocupes por hacer que todo sea perfecto. No todo va a ir según tu plan, pero recuerda que lo más importante es que te vas a casar. Es lo único que te va a importar el día de tu boda.” Es buen consejo, y uno en que he pensado mucho hace poco.

Justo este fin de semana pasado, mi mamá me llamó para decirme que había escuchado de su amiga que vio en Facebook que el sitio donde íbamos a tener la recepción de boda se va a cerrar. Nos tomó completamente por sorpresa, ya que no habíamos recibido ninguna advertencia sobre esto del lugar de recepción. Después de confirmar la noticia, tuvimos que intentar encontrar un nuevo sitio, solo cinco meses antes de la boda. Vamos a casarnos en julio así que esto no es una tarea fácil. La mayoría de los lugares para recepciones ya han sido reservados desde hace meses.

Como puedes imaginar, esto nos molestó bastante, especialmente porque habíamos específicamente planeado una boda matinal con la idea de que la recepción tendría luz natural y una vista maravillosa de los jardines justo afuera de las ventanas de nuestro (ya no existente) lugar de recepción. A Juan y yo nos gustan mucho las actividades al aire libre, tales como correr afuera, pasar en bicicleta, y excursionismo, y nosotros dos nos sentimos muy cerca a Dios cuando apreciamos Su hermosa creación, así que queríamos incorporar esto en la recepción. Encontramos el lugar “perfecto” con hermosos jardines justo fuera del comedor para que los invitados pudieran pasar en ellos a su gusto, y durante toda la recepción el lugar sería iluminado por luz natural. Habría sido ‘perfecto,’ pero ahora esta cerrado.

El día después de enterarnos de esto, Juan llegó al instituto de lenguaje donde apenas terminó su trabajo. Allá en Wisconsin, mis padres estaban llamando literalmente todos los lugares de recepción en que podrían pensar, sin mucha suerte, y mientras que yo ensenaba, Juan estaba investigando sitios de recepción que podríamos llamar más tarde. Cuando se terminó mi trabajo estaba muy estresada. En este punto no habíamos encontrado un sitio alternativo.

En el metro de regreso a casa, hablamos de como queríamos proceder ahora que la recepción perfecta que habíamos planeado se fue. Juan no parecía para nada tan estresado como yo, y me dijo que lo íbamos a solucionar. Me molestó un poco que Juan parecía tranquilo con la situación, así que intenté explicarle lo terrible que era. Juan solo me dijo, “Honestamente, solo quiero casarme contigo. La misa y los votos son los más importantes. Esto es el matrimonio. Para la recepción, vamos a encontrar una solución. Algo vamos a encontrar.”

En este momento me dí cuenta de que, en todo este drama, posiblemente había perdido de  vista lo que es más importante. Juan y yo nos vamos a casar. Esto es lo que hará al día perfecto para nosotros, sin importar lo que pasara. Al final de ese día, Juan y yo vamos a ser una nueva familia y una nueva expresión del amor de Dios en este mundo. Podemos empezar nuestra loca y maravillosa aventura, nuestra búsqueda de la santidad de toda la vida. Esto es hermoso y esto es perfecto.

Entonces para la cuaresma de este año, voy a soltar la idea de mi recepción “perfecta,” y voy a pasar el tiempo planeando la misa con Juan, eligiendo las lecturas y la música, escribiendo las peticiones, y asistiendo clases de preparación de matrimonio aquí en Santiago. Voy a ser agradecida por la bondad de Dios, por mi fé católica, mi novio increíble, mis padres a los cuales nos importan tanto a Juan y yo, y nuestra boda, en vez de pasar un fin de semana completo buscando nuevos sitios para la recepción que pensaban que nos gustarían.


En cuanto al lugar de recepción, algo vamos a encontrar.

martes, 10 de marzo de 2015

¡Quedan Solo Seis Meses!

¡Quedan solo seis meses hasta que Juan y yo nos casemos! Todos nos dicen que el tiempo hasta la boda pasará rápido y tengo que decir que espero que así sea. Estamos preparándonos con emoción y contando los meses hasta la boda con una novena de rosario el 18 de cada mes, nuestro aniversario de conocernos y lo que pronto será nuestra aniversario de boda (en Julio).

En medio de toda esta anticipación, pasamos un hito importante hace un par de semanas. En Chile, es tradicional tener una bendición de argollas que marca el comienzo del periodo de preparación formal para el sacramento. Esto pasa varios meses antes del matrimonio católico y con esta ceremonia empieza el noviazgo, la preparación sacramental y la oración intensificada que lo acompaña. Durante este tiempo, las argollas bendecidas se llevan en la mano derecha como símbolo del noviazgo.

Así, de acuerdo con la tradición, Padre José, el sacerdote de nuestra parroquia en Santiago, bendijo las argollas en una ceremonia que celebramos juntos con la familia de Juan.  Esto lo hizo aún más especial ya que casi todos los parientes de Juan no van a poder ir a la boda.

La ceremonia empezó con una oración y una lectura del Evangelio según San Juan que habíamos escogido de antemano (‘no hay amor más grande que dar la vida por sus amigos’). El Padre nos dio una pequeña reflexión en sobre la lectura y el sacramento del matrimonio y luego bendijo las argollas con agua bendita y Juan y yo dijimos algunas palabras mientras Juan me puso mi argolla y yo le puse la suya.  Luego Padre nos guió en el Padre Nuestro, la Ave María, y la Oración de Paz de San Francisco, la oración favorita de Juan y yo que elegimos para la ocasión. Finalmente, nos bendijo a nosotros y nuestro tiempo de noviazgo.

Ahora oficialmente hemos empezado nuestra preparación inmediata para el sacramento. Pero ¿cómo se prepara uno para un don tan grande? ¿Cómo se prepara uno para ser un signo vivo del amor de Dios, tan inmenso, eterno, fiel, y que da vida?  Durante la bendición de argollas, Padre José nos pasó algunos consejos que el Papa Francisco dio a los novios durante su celebración del día de San Valentín el año pasado. Nos aconsejó que desarrollaremos el hábito de siempre decir gracias por los sacrificios que hace el otro, siempre pedir perdón cuando sea necesario, siempre pedir permiso antes de actuar, y siempre estar agradecido por el don del otro. Además nos aconsejó que recemos para y con el otro con frecuencia.

Estos consejos tan sencillos y sabios nos recordaron que, además de la oración, una de las preparaciones más importantes que podemos hacer es habituarnos a hacer todos los sacrificios y gestos que frecuentemente ni siquiera se notan pero que son muy importantes. Me hizo pensar en cómo usar este tiempo de preparación para hacerme una persona más amorosa y generosa y menos egoísta. Una de las primeras cosas que me llegó a la mente fue la condición de mi departamento.

Confesión: Aunque soy muy buena para recordar fechas y manejar mi horario de trabajo y escuela con sus cambios frecuentes, en cuanto a los objetos físicos, no soy, digamos, la persona más organizada del mundo. Durante el semestre, mis libros de la biblioteca y los artículos académicos tienden a tomar residencia en pilas en la mesa y las sillas de mi departamento, y puedo dejar pasar una cantidad de tiempo lamentable sin poner mi ropa limpia en su lugar en el armario y los  muebles.

Juan, por el otro lado, es una persona muy organizada. Su ropa siempre queda perfectamente doblada, su piso limpio, y losa lavada. Y yo sé que él es menos estresado y en general más feliz en un espacio organizado. Al saber eso y pensar en las palabras de Padre José, decidí hacer un esfuerzo para hacerme en el hábito de ser más organizada como un acto de amor para mi Juan, para que cuando empecemos nuestra vida juntos en Julio, se pueda sentir más relajado y feliz en nuestro hogar compartido.

Así el fin de semana pasado, Juan vino a mi departamento y me ayudó a realizar una organización preliminar. Resultó ser muy divertido hacer la tarea juntos y me sentí bien deshacerme de los papeles que ya no necesitaba y ordenar mis libros y mi closet. Mi trabajo por ahora en adelante es, con la gracia de Dios, mantenerlo así porque amo a Juan y porque son estos pequeños actos de amor que creo que harán a nuestro matrimonio más sano y feliz.

Nos quedan solo seis meses hasta casarnos y estamos emocionados para compartir nuestras experiencias con ustedes durante este tiempo tan importante en nuestras vidas.  Por favor recen por nosotros. Rezaremos por ustedes. 

jueves, 5 de marzo de 2015

La Fidelidad Conyugal Una Flor Escasa Hoy...

Ciertamente, comienza a escasear la flor de la fidelidad conyugal en el jardín de muchos hogares… Pablo VI lo afirmó en estos términos: “la fidelidad no es una virtud de nuestro tiempo”. Las estadísticas confirman la frecuencia con que los cónyuges ‘ponen cuernos’ a sus consortes; en las novelas, en los films, en las obras de teatro, en las noticias periodísticas, se presenta la infidelidad conyugal como cosa normal y corriente.

Si nos preguntamos por las causas de la infidelidad conyugal las encontramos numerosas y muy variadas: en primer lugar, la falta de compromiso; hombres y mujeres hoy solo piensan en el momento actual, en el ‘presente’; el pasado no cuenta y el futuro aún no ha llegado; disfrutar del momento presente, al máximo, parece ser la consigna de nuestro tiempo. Hoy se tiene miedo al compromiso definitivo y duradero; “los jóvenes, ha escrito un autor, solo saben conjugar el verbo ‘amar’ en presente”.

En segundo lugar, hay mucha inmadurez entre los jóvenes; el sexo, el amor, el matrimonio, se toman como un pasatiempo. Parece que la madurez humana hoy se adquiere más tarde que antes. Hoy se banalizan hasta las cosas más sagradas. Nos preguntamos si los cursos prematrimoniales preparan de verdad para una auténtica vida conyugal. Cuánto tiempo necesitan el médico, el abogado, el ingeniero, para prepararse al ejercicio de su profesión?. Y la pareja de novios cuánto tiempo toma para capacitarse para la vida matrimonial?


En tercer lugar, la permisividad social y jurídica está borrando los limites de ‘lo no permitido’; los slogans callejeros hacen mofa de ciertos valores humanos que antes eran signo de seriedad, de responsabilidad, de respeto por el otro(a). La postmodernidad está influyendo fuertemente con sus slogans: ‘todo vale, todo es igual’. Incluso, se reforma el lenguaje para no emplear los vocablos tradicionales: ya no se habla de ‘infidelidad’, sino de “echar una cana  al aire”.


Una cuarta causa de la infidelidad, sin pretender ser exhaustivos, es la audacia de muchas mujeres de la calle que desafían a los hombres, y éstos que son débiles ante la tentación… También sucede que muchas esposas, su pretexto de vengarse del marido infiel, caen ellas en la red del pecado. La incoherencia en la conducta es muy frecuente entre los varones: ellos, que exigen fidelidad a toda prueba a sus esposas, se permiten ser infieles… Acaso el compromiso de fidelidad no es de ambos?. 


La fidelidad conyugal está cambiando de carta de presentación: en otro tiempo ser fiel significaba mantener la palabra dada a otra persona; hoy parece entenderse como ser fiel a mi proyecto de vida individual, así sea perjudicando a otros (esposa e hijos); el genuino sentido de fidelidad es ser fiel a otra persona a quien le he prometido amor total, exclusivo y fiel. Cómo lograr esta fidelidad en el matrimonio?. Una receta muy válida es ésta: cultivar el amor entre los esposos; el amor es una realidad eminentemente humana; necesita ser cuidado, cultivado con esmero; el amor no muere automáticamente, se le deja morir porque no lo cultivamos como se cultiva una planta delicada. El amor conyugal es un dinamismo que si no crece, decrece y muere. Los enamorados se suelen decir: “hoy te amo más que ayer, pero menos que mañana”. Las parejas de esposos deberán decirse muchas veces al día, durante toda la vida, esta frase que parece romántica, pero que es una gran verdad. 


No se le puede decir a muchas personas “te amo más que a ninguna otra’, porque solo a una se le estará diciendo la verdad, mientras está engañando a las restantes… La coherencia en la conducta es cuestión de seriedad consigo mismo. El cuidado en la presentación personal es muy importante para mantenerse como eternos enamorados; los detalles cariñosos, oportunos, son como vitaminas que alimentan el amor conyugal. Y, para los creyentes en Cristo, es muy importante recordar que su alianza matrimonial es imagen en el mundo de la alianza de Cristo con su iglesia. El esposo interpreta a su esposa cómo la ama Dios, y ella interpreta para él este mismo amor; y ambos lo interpretan para sus hijos. 


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miércoles, 25 de febrero de 2015

La Reconciliación Comienza Por Casa…

De ‘reconciliación’ se habla desde hace mucho rato; para lograr la reconciliación en los conflictos bélicos, étnicos, incluso religiosos, en muchos países del mundo se están haciendo ingentes esfuerzos, a veces con mediocres resultados. Pero el término ‘reconciliación’ aparece ya implícito en épocas muy antiguas. Adán y Eva, sintiéndose culpables de su pecado, se escondieron de la presencia de Yhavé (Gén. 3,1-19); David reconoció su culpa ante el reproche del profeta Natán (II. Sam. 12,1-15); el Apóstol Pablo, ya en el Nuevo Testamento, siente el reproche interior de su conciencia que lo lleva a reconocer la incoherencia en su conducta (Rom. 7,14-24). Todos, en fín, alcanzaron la reconciliación.

La conciencia de pecado a lo largo de la historia atestigua que el hombre es víctima de su propia mala conducta y lo lleva a buscar la paz, la reconciliación, en alguna parte. El profeta Jeremías entendía el pecado como alejamiento de Dios; por esta razón en su oración concebía la reconciliación como un ‘volver a Dios’: “hazme volver y volveré” (Jer. 31,18). Es, pues, un hecho histórico el sentido de culpa y la necesidad de reconciliación.

Los Estados civiles han hecho esfuerzos especiales por lograr la reconciliación entre los pueblos en conflicto; el derecho civil ha creado categorías especiales (perdón, indulto, amnistía) como medios para lograr el reencuentro de los pueblos en lucha. Surge una pregunta a este respecto: la reconciliación viene de fuera hacia adentro?; o mejor, va de adentro hacia afuera?. Por esta razón afirmamos que la reconciliación comienza por casa. Algunos escritores se han referido a la lucha proverbial entre amor y odio a lo largo de la historia; uno y otro han intentado prevalecer sobre su contrario. El campo en que se libra esta batalla es el corazón del hombre. Incluso el Evangelio de S. Mateo (10,35) alude a que “los enemigos de cada cual serán los que conviven con él”; es decir, los de su propia casa. La reconciliación, pues, deberá comenzar por casa; un ejemplo típico es el caso de Zaqueo a quien Jesús de Nazareth le confirmó en su propia casa, al conocer la actitud de conversión, “hoy la salvación ha llegado a esta casa” (Lc. 19,9). 

Encuentro en el Documento de Puebla un testimonio válido para dar fundamento a la afirmación de que la reconciliación comienza por casa: Puebla alude a los cuatros rostros del amor humano que “encuentran su pleno desarrollo en la vida de familia: nupcialidad, paternidad-maternidad, filiación y hermandad” (n. 583). Desde esta perspectiva es posible afirmar que la reconciliación es la reconstrucción de cada uno de los rostros de la familia cuando el pecado del odio, del rechazo, de la venganza, irrumpe en el corazón humano generando una ruptura. Reconstruir el rostro del amor conyugal entre los esposos, entre padres e hijos, entre hermanos, es operar la reconciliación intergeneracional. A partir de esta reconciliación en el núcleo mismo de la familia, en la que es “la célula vital y fundamental de la sociedad“ (AA. n. 11) se podrá llegar a niveles más amplios cada vez, porque “el bien es, por naturaleza, difusivo”, como afirmó el ‘Doctor Angélico’. Los padres de familia comprenderán que tienen una responsabilidad muy especial de frente a la reconciliación dentro y fuera de su casa; el Concilio  Vaticano II les reconoció un ‘protagonismo’ propio en la sociedad y en la iglesia. 

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miércoles, 18 de febrero de 2015

Hagamos La Verdad Con Amor

Hacer la verdad con amor es una sentencia que encontramos en la Carta a los Efesios (4,15); aparece en el contexto de la construcción de la comunidad cristiana como cimentada en los dos pilares de la verdad y del amor. Ya en el Antiguo Testamento, en la plegaria de los Salmos, el israelita oraba a Yhavé invocándolo en estos términos: Señor, Tú que hiciste alianza con tu pueblo por amor, permanece fiel (en la verdad) a tu alianza.

Hacer la verdad con amor era un principio pedagógico que ya usaban los antiguos romanos: “firmiter in re, suaviter in modo”, que traducida a nuestra lengua española equivale a decir: mantenerse firmes en los principios, pero siendo flexibles en el modo de aplicarlos. Vemos claramente que la equivalencia del slogan de los romanos con la sentencia bíblica es patente. Uno y otro, que tienen plena validez en la pedagogía familiar; pero hoy han entrado en crisis en la educación en familia y en la escuela.
Esta crisis se manifiesta en el paso del rigorismo, al permisivismo. Solemos decir que los “extremos son viciosos”; ciertamente que lo son; el rigorismo genera niños miedosos y el permisivismo hace niños sin Dios y sin ley. Un autor describió este cambio, refiriéndose a los padres de familia, con estas palabras: “somos los últimos hijos que fuimos regañados por nuestros padres y ahora somos los primeros padres en ser regañados por nuestros hijos”.

Se hace necesario buscar y encontrar el equilibrio entre autoridad y flexibilidad. No es fácil, pero sí es posible. La sentencia de la Carta a los Efesios y el slogan de los antiguos romanos nos dan una pista: los padres de familia deben saben conciliar los grandes principios de la verdad, de la justicia, de la solidaridad, etc, con la exigencia de amor, de comprensión, de flexibilidad, de acompañamiento que necesitan el niño, el adolescente, el joven en el proceso gradual y progresivo de su crecimiento. 
Este acompañamiento tiene sus fases o etapas: el niño, el adolescente, el joven, necesitan un trato diferenciado según su edad, su carácter, su desarrollo. No es lo mismo el niño de cinco años, que el chico de doce o joven de dieciocho años; cada uno de ellos experimenta cambios diversos, vive situaciones distintas, afronta problemas diferentes, de acuerdo a la etapa de su desarrollo y de su edad. Aplicar la sentencia bíblica de “hacer la verdad con amor”, o el principio de los romanos –“firmes en defender los valores humanos y cristianos, pero flexibles en el modo de aplicarlos”- quiere decir, inculcar las normas de vida haciendo ver que son razonables y justas, pero sin autoritarismo, sin acritud, sin ánimo de amenaza o de venganza. Laberthonnière, un escritor francés, escribió que “en la familia, como en cualquier otra institución, la autoridad de quien enseña debe respetarse tanto como la libertad de quien es enseñado”.

La corrección en familia entra en esta perspectiva de la conciliación de la verdad con el amor; el Libro de los Proverbios, en el Antiguo Testamento, afirma que “Dios reprende a aquel que ama como un padre a su hijo querido” (3,12). El padre, la madre de familia, al castigar deben hacer sentir que lo hacen precisamente porque aman al hijo. La corrección con odio, con desprecio engendra odio y rechazo; la corrección con amor genera aceptación y hasta gratitud. El Evangelio de S. Lucas nos cuenta que Jesús en Nazareth iba creciendo en edad, en sabiduría y en gracia delante de Dios y de los hombre (2,52). Se podría añadir: crecía bajo la mirada tierna y dulce de María, bajo la autoridad de José y bajo el amor y la comprensión de ambos.

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miércoles, 4 de febrero de 2015

En búsqueda de la otra mitad...

Cuenta una leyenda que cuando Dios crea un hombre toma un corazón en la mano y lo parte en dos; una mitad la coloca en el pecho del hombre y la otra mitad en el cuerpo de una mujer. A ambos los echa al mundo, a cada cual con su medio corazón. Cuando los dos crecen notan que no tienen más que medio corazón y que deben ponerse a la búsqueda del otro medio corazón que a cada uno le falta. Dónde estará esa otra mitad?. Estará cerca?. Estará lejos?. Ninguno de los dos lo sabe. Por eso, ni él ni ella deben descansar hasta que encuentren el otro medio corazón. Una vez que lo encuentren, tienen que unir sus dos medios corazones para formar uno solo, y para lograrlo solamente hay un pegante: el amor.

La leyenda del medio corazón aparece en una forma u otra en muchas de las culturas antiguas de la humanidad: los chinos hablan de chapa y llave, los griegos hacen referencia al mito del  ‘andrógino’, algunas tribus latinoamericanas aluden a la lluvia y tierra; los filósofos del lenguaje acuden a los pronombres ‘Yo’, ‘Tú’, que unidos hacen el ‘nosotros’ de pareja; los enamorados en su argot popular hablan de ‘mi otra mitad’. Todas estas intuiciones hacen  referencia al plan de Dios al crear al varón y a la mujer en vista a hacer de ellos “una sola carne”. Este ‘una sola carne’ se traduce por el ‘nosotros conyugal’ o el ‘yo conyugal’, como afirmaba San Juan  Pablo II. Este ‘nosotros conyugal’ no surge espontánea, mágicamente; el  machismo, y más recientemente el feminismo, en vez de hacer confluir varón y mujer a formar el ‘nosotros’ de la pareja, los aleja uno de  otro.  La integración de varón-mujer como ‘una sola carne’ es obra de un proceso dinámico que va superando diversos niveles: la comunión genital, la comunión afectiva, la comunión personal y la comunión sacramental que los hace ‘símbolo’ de la unión de Cristo con su iglesia. Es un camino que deben recorrer juntos una imagen plástica de  lo que debe ser la sintonía de varón-mujer unidos como una sola carne, con la conciencia de ser el ‘nosotros conyugal’, es la representación de una pareja en una barca movida a dos remos; para que la lancha camine hacia adelante es necesario sincronizar el movimiento uniforme y  rítmico de los dos remeros. Un gran teólogo moralista –Bernhard Häring- expresó este movimiento en la sentencia. “deliberar y decidir juntos”. El Concilio  Vaticano II ya intuyó la necesidad de encontrar la ‘otra mitad’, es decir, crear ‘la conciencia de ser una sola carne’ cuando  enseñó en la Gaudium et spes: “se esforzarán ambos de común acuerdo y común esfuerzo por formarse un juicio recto” (n. 50). San Juan Pablo II lo ratificó con estas palabras: “conviene tener presente que  en la intimidad conyugal están implicadas las voluntades de dos  personas, llamadas sin embargo a una armonía de mentalidad y de comportamiento” (Familiaris consortio n. 34).


Encontrar ‘la otra  mitad’ y formar con ella ‘una sola carne’ es tarea ineludible de varón  y mujer cuando intentan realizar felizmente su vocación matrimonial. El  gran ingrediente que une las dos mitades –el amor- debe crecer progresivamente, porque si el amor no crece, entonces decrece y puede  llegar a morir….

Para reflexionar: qué acciones realizas para fortalecer tu relación matrimonial con tu "otra mitad"?

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