miércoles, 1 de julio de 2015

Cuántas horas trabaja la mujer en casa?

Hace algunos años presentaba a un grupo de mujeres un ‘video’ en diapositivas, hecho en Perú, titulado ‘Sin sueldo ni horario’. Esta proyección se refería a la situación de la mujer en muchas partes aún hoy: muchas horas de trabajo en su casa sin un horario fijo y sin sueldo; su esposo, en cambio, se atiene a la jornada laboral establecida legalmente y cobra mensual o semanalmente un sueldo determinado.

Estas mujeres al regresar a sus casas comentaron con sus maridos lo que habían visto y plantearon el reclamo por la injusticia que se está cometiendo contra ellas. El estimado Lector puede imaginarse la protesta que se me vino encima por parte de aquel grupo de esposos por haberle abierto los ojos a sus mujeres !!.

De todas formas, la injusticia es evidente. Cuántas horas trabaja la mujer en casa?. Y, sobre todo, la mujer que debe luego cumplir un horario de oficina… Se levanta antes que el esposo y los hijos para preparar el desayuno de todos, para organizar el vestuario de escuela de los niños, para dejar ya listo el almuerzo; por la tarde, al regreso del trabajo, la jornada se continúa en casa: lavar y aplanchar la ropa, preparar muchos detalles para el día siguiente, etc. Y así uno día tras otro.

La situación para el esposo es diferente: al levantarse ya encuentra servido el desayuno y la ropa para vestir está pronta; cumple las 8 horas de jornada laboral; regresa a casa, se pone las pantuflas y se sienta a leer la prensa del día, a ver los programas de televisión, y a cenar cuando llega la hora; cobra su sueldo al final del mes, hace el balance del período (entradas y salidas), paga las deudas, reserva el dinero necesario para los gastos de casa.

Una falla muy frecuente entre los esposos es la de no tener presente que el sueldo que se ha ganado, en buena parte se debe también a la esposa que tiene en casa y que atiende a los oficios de una buena ama de hogar. A veces los esposos olvidan las necesidades personales de sus esposas y, si acaso las atienden, lo hacen con mezquindad. La suerte de muchas mujeres casadas, todavía hoy, es la de una mujer sin sueldo ni horario.

El Papa Juan XXIII ya habló en su tiempo del ‘salario familiar’ aludiendo a la justicia laboral de las empresas que deben reconocer un salario justo a los obreros y empleados en razón de la familia que poseen: una esposa y unos hijos. También el Papa Pablo VI hizo referencia en la encíclica Laborem exercens al reconocimiento que se merece la esposa y madre por su trabajo dentro del hogar.

Con la liberación de la mujer, fenómeno de nuestra época, la mujer se ha liberado del trabajo dentro de la casa de familia, se ha profesionalizado y se ha abierto al mercado laboral fuera del hogar. Ser ama de casa es también una profesión. La entrada en el marcado laboral conlleva el abandono de los quehaceres hogareños y, muy especialmente, dejar el cuidado de los hjjos en manos de una empleada. Este fenómeno ha generado conflictos conyugales y familiares: divorcio, administración independiente de los salarios, egoísmos individualistas.


Ésta es una situación concreta que los novios deben resolver cuando planean su futuro matrimonio: acordar el ‘patrimonio común’ en virtud de que a partir de entonces “serán una sola carne”, una persona conyugal; ya no contará tanto el YO o el TÚ, sino el NOSOTROS de pareja: nuestro amor, nuestro proyecto común, nuestro futuro, nuestros hijos, nuestra felicidad. El individualismo que campea en nuestro medio ambiente es una ‘bomba de tiempo’: si  no trabajamos por la solidaridad conyugal y familiar, tarde o temprano hará sentir los estragos !!!. Se debe tener presente que el varón responsable normalmente es un buen trabajador y ella en casa una buena financista para la administración. El trabajo de uno y otra es digno y merece reconocimiento y respeto. Con el patrimonio conyugal se funda y construye el patrimonio familiar.

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miércoles, 24 de junio de 2015

Eres agresivo (a) en casa?

La agresividad no es solo problema de hoy; diríamos que siempre se ha tenido noticia de ella; un primer testimonio en la historia de la humanidad es el caso de Caín contra su hermano Abel. Frecuentemente se llama la atención sobre la agresividad de los jóvenes de hoy; preocupa la violencia familiar que no es problema de hoy; ésta se revela hoy como el fenómeno del ‘iceberg’: montaña de hielo sumergida en el mar cuya punta asoma en la superficie; así es la violencia familiar: UNICEF ha denunciado este problema, como el ‘iceberg’, un problema escondido por mucho tiempo a causa de que las mujeres violentadas no denunciaban este vicio por diversas razones.

Esta agresividad, que se manifiesta de múltiples formas en nuestra sociedad, hoy tiene una nueva versión: el ‘matoneo’, llamado también ‘bullying’. Es un fenómeno relativamente reciente: en Europa hizo su aparición a fines del siglo pasado y comienzos del presente manifestándose en los centros educativos sobre todo. Los gobiernos civiles han tomado cartas en este asunto saliendo al encuentro del problema.

Queriendo señalar la fuente de este problema, algunos autores coinciden en apuntar sobre la misma familia, en particular sobre la conducta de los esposos y padres como causa principal de la agresividad entre los niños. El viejo machismo de muchos varones, el moderno feminismo de las mujeres siguen prolongando el conflicto de la rivalidad de los sexos, La violencia de palabras o de acciones de uno contra la otra parte causan heridas, traumas, frustraciones u odios en los hijos.

“Que los niños tengan comportamientos agresivos es una forma de expresar su sentir ante un entorno familiar poco afectivo, ausencia de padre o madre, divorcios no amigables, violencia intrafamiliar, abuso o humillaciones ejercidas por adultos”, escribe el informe PANDI publicado por Periodismo aliado de la niñez, del desarrollo social y la investigación.

Los niños trasladan la conducta buena o mala que observan en sus padres y la imitan en la relación con sus hermanos(as) o con los compañeros del jardín o de la escuela. Por qué extrañarse del vocabulario o del maltrato que se dan entre hermanos si lo han aprendido de sus propios padres?. La familia es la primera escuela para lo bueno o para lo malo, y los padres son los primeros maestros de lo uno o de lo otro.
Pero el ‘matoneo’ no se ha limitado a sola la escuela; hoy está apareciendo en los ambientes ‘virtuales’; según los expertos que participaron en el estudio PANDI, este tipo de acoso del que hay 191 reportes de menores de edad afectados en este año, puede dañar más que el ‘matoneo presencial’, pues los agresores, que son niños o adolescentes, no dimensionan el universo de los medios virtuales y hacen cosas que no harían en la vida real. Las agresiones verbales son mucho más fuertes de lo que se pueden dar en persona y lesionan mucho más la autoestima de los niños.


Wilson Chavarro G., en su libro El matoneo o bullying, sugiere a los padres de familia algunas orientaciones para afrontar este problema: proporcionar un ambiente de armonía y estabilidad en el que esposos e hijos se sientan amados y en el que los padres expresen a sus hijos que los aman; aprender a escuchar (no a oír) a sus hijos, garantizándoles un ambiente de acogida, comprensión y ayuda; visitar el colegio de los niños, frecuentar los amigos que tienen y demás conocidos que les puedan ayudar a comprender cada vez más la realidad que ellos viven; evitar la violencia, pues los maltratos generan más violencia y pueden llegar a a ser una ‘bomba de tiempo’ hasta en la misma casa; no patrocinar ni aplaudir actuaciones agresivas de los hijos, al contrario, corregirlos, pues así ellos sabrán que están obrando mal. Cuando la persona no aprende a amar, difícilmente se curan las heridas del desamor; amar es el gran antídoto para todos los males.

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miércoles, 17 de junio de 2015

En la vida de pareja debe ser mas importante el "nosotros"

En otro tiempo era frecuente aludir a la rivalidad de los sexos por razón del ‘machismo’ que se impuso por siglos, como si Dios hubiera creado al varón para mandar y a la mujer para someterse. Esta mentalidad está perdiendo fuerza en virtud de la igualdad de derechos y deberes entre varón y mujer, y en razón de que diferencia no debe significar desigualdad.

La rivalidad o competencia ente esposos es más nociva que sana; el espíritu competitivo de uno o de ambos cónyuges puede resultar estimulante para ayudar a superar dificultades, pero si no se cae en el mito de la victoria individual. Hoy, todos queremos triunfar en la vida, pero debemos hacernos esta pregunta: ‘triunfar sobre …’?, o ‘triunfar con…’?. Cuando se pretende ‘triunfar sobre’, aparece un vencedor y uno que es vencido. Cuando intentamos ‘triunfar con’, que es lo más humano, el vencedor es un equipo, una empresa, una pareja humana, una familia.

Uno de los aspectos que mayor solidez da a la relación de pareja está asociado con valores como trabajar en equipo, el apoyo mutuo, la admiración del otro, y esto tiene que ver más con la cooperación, la colaboración, la solidaridad, que con la competencia. Muchos estudios hechos con parejas muestran que la sensación de tener objetivos comunes, complementarse y hacer esfuerzos entre dos, aporta a la relación no solo más bienestar, sino también más felicidad, que aquellos logros que se ven como una victoria individual y no compartida.

Desde comienzos del siglo XX los filósofos del lenguaje iniciaron el descubrimiento del ‘nosotros’ como la síntesis del encuentro del Yo con el Tú. Decimos descubrimiento, porque este elemento del ‘nosotros’ ya estaba insinuado desde la creación del primer hombre y de la primera mujer: “dejará el varón a su padre y a su madre, se unirá a su mujer, y se harán los dos una sola carne” (Génesis 2,24). Este ‘nosotros’ es lo que hoy llamamos ‘conciencia de ser una sola carne’, es decir, una única ‘persona conyugal’, como afirmaba el Papa San Juan Pablo II.

La construcción del ‘nosotros‘ de pareja exige tiempo, vivir un proceso de integración progresiva; lo indican los tres verbos en futuro del Génesis (dejará…, se unirá…, se harán los dos una sola carne…). San Juan Pablo II apuntó en esta dirección cuando en la Familiaris consortio afirmó: “conviene tener presente que en la intimidad conyugal están implicadas las voluntades de dos personas, llamadas, sin embargo a una armonía de mentalidad y de comportamiento; esto exige no poca paciencia, simpatía y tiempo” (34).

Cómo lograr aquel ‘triunfar con’ en la vida de pareja?. Emprendiendo juntos proyectos que fomenten compañerismo y reciprocidad, realizando una reflexión constante para identificar actitudes competitivas propias, evaluando qué hay detrás de una actitud competitiva, valorando otros aspectos como la estabilidad emocional, el apoyo o la guía que da la pareja, hablando con el cónyuge sobre las expectativas frente a lo que aporta cada uno a la relación, poniendo en claro las prioridades profesionales y laborales de cada uno, fomentando el liderazgo en la relación, lo que no implica ver al otro como un rival que hay que superar, etc.


‘Triunfar con’ debe ser el gran empeño de la pareja de esposos y de padres de familia; lo  contrario es intento de dominio de subordinación, de cosificación del otro.

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miércoles, 10 de junio de 2015

Acompañamiento Pastoral a las Parejas

“Acompañamiento pastoral es un concepto de reciente aparición dentro del Magisterio de la iglesia católica; aparece en el Documento de Aparecida, de la V. Conferencia General del Episcopado Latinoamericano (Año 2.007) más de 35 veces; esto revela la importancia de esta nueva categoría; el Papa Francisco le ha dado un gran relieve en sus discursos y homilías; un espacio especial le dio en la Exhortación Apostólica Evangelii Gaudium (nn. 169-173).

Esta nueva categoría en el campo de la pastoral cristiana obedece al cambio de mentalidad en nuestro tiempo: de una época en que prevaleció un cierto ‘automatismo’, parecía que las cosas se obraban en virtud de la magia, estamos pasando a una nueva etapa en que se da relieve al ‘proceso pedagógico’; a este cambio de mentalidad contribuyó de modo particular la propuesta del ‘principio de gradualidad’ que sugirió el Sínodo de Obispos (1.980).

En qué consiste este ‘acompañamiento pastoral’?. En términos sencillos, es “un caminar con…”. Es el caminar de dos personas juntas: una que ofrece su servicio de guía, de apoyo, y otra que solicita o necesita de compañía en un momento determinado. Tratándose del ‘acompañamiento pastoral’ a las parejas de esposos o padres de familia, consiste en caminar junto a las parejas en dificultad, en crisis o en situación irregular.

No es una tarea fácil ésta de ofrecer acompañamiento pastoral… A veces, la persona necesitada de este servicio del acompañamiento lo rechaza argumentando que es ‘su problema personal’ y se cierra en el mutismo, en la soledad. No es un problema personal (la ruptura del vínculo, el disgusto, la ofensa al otro, etc.); los problemas conyugales afectan a más de una persona: a ambos contrayentes, a los hijos, a los parientes y amigos, que sufren y se preocupan por una tal situación de conflicto. Qué hacer entonces?.

Se hace necesaria una mediación en la que se integren la oferta y la acogida, la escucha y la comprensión, la disponibilidad del acompañante y la del acompañado. El acompañamiento conlleva un proceso de diálogo, un proceso que exige tiempo y paciencia, a veces un caminar lento pero continuo. Edoardo Algeri, teólogo italiano, propone tres pasos a seguir: 1. Paso del disgusto y de la falta de confianza a la escucha confiada y paciente; 2. Abrir el camino hacia la fe para no quedarse aferrado a la doctrina, sino reelaborar lo vivido y recuperar el aprecio, para abrir la puerta al perdón; 3. Se recomienda que este proceso sea experimentado en comunidad, con el apoyo de la comunidad cristiana (oración, comprensión, ayuda) para hacer la búsqueda sincera de la verdad acerca del conflicto conyugal.

En nuestra experiencia de animadores de la pastoral hemos comprendido que el acompañamiento pastoral de las parejas pide una gran comprensión del conflicto, conocimiento del temperamento-carácter de las personas implicadas en el problema, mucha delicadeza en el trato de las personas en conflicto, táctica en la búsqueda de posibles soluciones que empeñen a ambos miembros de la pareja, abrir un compás de espera paciente para dar tiempo a las reacciones favorables y una gran dosis de benignidad para no recurrir al autoritarismo, o a la aceleración del proceso o a la renuncia a caminar…


Hay muchos aspectos a tener presentes en el acompañamiento pastoral de las parejas: la dimensión psicológica de las personas, el aspecto jurídico del problema, la parte económica, el mantenimiento del diálogo sincero y paciente, el tiempo que demande el proceso, etc. Ante la frecuencia de los conflictos conyugales y familiares y ante la importancia que se reconoce hoy al acompañamiento pastoral, se hace necesaria la capacitación de las personas que quieran prestar este servicio tan humano, tan cristiano, tan necesario.

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jueves, 4 de junio de 2015

Importancia del optimismo en la Familia

Es fácil detectar la diferencia entre una persona pesimista y una optimista; un ejemplo muy sencillo: el pesimista no recuerda que el lirio pertenece a la familia de la cebolla; el optimista, en cambio, nos recuerda que la cebolla pertenece a la familia del lirio. Son puntos de vista diferentes. El optimismo es una característica que permite interpretar acontecimientos externos de una manera favorable y positiva, independientemente de su carácter.

Las personas optimistas tienden a fijarse más en el lado amable y constructivo de la vida; suelen ver posibilidades y soluciones donde otros no ven nada más que problemas y dificultades. Una actitud optimista está relacionada con la confianza en las propias capacidades de lograr lo que nos proponemos; es decir, con una alta auto-estima. Los beneficios que reporta una actitud optimista son evidentes: mejor estado de salud en general, se es más alegre y entusiasta, más emprendedor; suelen enfermarse menos y si enferman se recuperan más rápidamente.

Tener optimismo no es garantía del éxito, no soluciona los problemas, no tiene un efecto mágico para salir triunfante, pero sí nos permite recuperarnos más fácilmente en los fracasos. No se trata de desear las cosas o dejarlas a la suerte; hay que hacer que ocurran. Una actitud razonablemente optimista impulsa a buscar de manera reflexiva soluciones a las dificultades, lo cual permite tratar los hechos desde perspectivas diferentes y analizar las cosas a partir de los puntos favorables.

Para una pareja de esposos, para una familia, el optimismo es energía que transforma, incluso lo negativo en perspectivas esperanzadoras: siempre es posible mejorar la conducta, encuentra soluciones poniendo en juego el ingenio, puede sonreír entre las lágrimas, ver el sol entre la niebla, transformar la adversidad en un desafío.

Pero se debe fomentar el optimismo con actitudes concretas: revisando qué se puede hacer para mejorar lo que está mal y no quedarse en la crítica y la queja; tratando de ocuparse de las situaciones y no quedarse solo en la preocupación; ver lo positivo de las otras personas y valorarlo en su justo precio; revisar lo que sabotea el optimismo, como es la inseguridad.
Un recurso que favorece el optimismo es el desarrollo de la ‘riso-terapia’; es un recurso tan sencillo, pero muy efectivo: nadie es tan rico que no necesite de una sonrisa, y nadie es tan pobre que no pueda enriquecer al hermano con una sonrisa. Se ha comprobado científicamente que la risa es un tónico de la vida, es un elixir, y que es la mejor medicina de que pueda disponer el ser humano. Alguien definió la sonrisa como ‘la estampilla de Dios’.

Incluso para la corrección del hermano puede ser útil una sonrisa no burlesca: es tan diferente corregir a otro con agresividad, humillándolo, a corregir con una sonrisa, tal vez picaresca, que le haga entender que falló en la conducta, pero que ha encontrado a alguien que lo comprende y que quiere ayudarlo.


Dicen que para hacer una mueca de rechazo y de desagrado hay que poner en movimiento 74 músculos de la cara; en cambio, para sonreír bastan solo 16; de ahí que se concluya sugiriendo un buen slogan: ‘sonría, que cuesta menos’. Se recuerda con grata impresión cuando Juan Pablo I, recién elegido Papa, apareció en el balcón de la basílica del Vaticano sonriendo; aquella sonrisa le dio la vuelta al mundo y desde entonces se le llamó como ‘el Papa que sonríe’. Una sonrisa puede hacer historia.

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jueves, 28 de mayo de 2015

La Leyenda del "Punto Negro"

Cierto día un profesor entró en el aula de clase y le dijo a los alumnos que se prepararan para una prueba relámpago. Todos se ubicaron en sus asientos aguardando asustados el examen que venía. Entonces el profesor fue entregando las pruebas con el texto para abajo, como era su costumbre. Después que todos recibieron la hoja, pidió que la voltearan. Para sorpresa de todos, no había ninguna pregunta o escrito; solo un punto negro al centro de la hoja. El profesor, viendo la expresión de sorpresa que todos tenían, dijo lo siguiente: ahora Uds. van a escribir un comentario sobre lo que están viendo. Todos los alumnos, confundidos, comenzaron entonces la terrible e inexplicable tarea. Terminado el tiempo, el maestro recogió las hojas y se puso de frente de la clase y comenzó a leer las redacciones una a una en voz alta.

Todas las pruebas, sin excepción, definían el punto negro, intentando dar explicaciones de su presencia al centro de la hoja. Terminada la lectura, con la sala en silencio, el profesor comenzó a explicar: esta prueba no será para la nota; solo sirve de lección para todos. Nadie en la sala habló sobre la hoja en blanco. Todos centraron su atención en el punto negro.

Esto acontece en nuestras vidas: en la vida de cada uno, en la vida de pareja y de familia, como también en la sociedad. El Evangelio de S. Mateo (7,1-5) exhorta a quitarnos la viga que tenemos en la vista antes de quitar la mota del ojo de mi hermano; nos da a entender que debemos mirar primero los propios defectos antes de censurar los defectos del prójimo.

Un mito griego quiso explicar por qué somos más propensos a ver las fallas del hermano antes que las propias: la divinidad pagana había colocado sobre los hombros de los hombres unas alforjas que debían llevar sobre el pecho y a la espalda; en la alforja delantera llevaban los defectos ajenos y a la espalda los propios; por esta razón, ven más fácilmente las fallas ajenas. Así entendemos por qué aquellos niños de la leyenda centraron su reflexión sobre ‘el punto negro’ y no sobre ‘la hoja en blanco’.

Aquel el profesor hizo tomar conciencia del hecho frecuente de centrar la observación en la mota que tienen en los ojos los demás mientras olvidamos la viga que tenemos delante que nos impide ver lo mucho que hay de bueno en  la creación, en las personas. Hemos llegado al punto que la buena notica en la radio, en la prensa, en la pequeña pantalla, no nos llama la atención; estamos a la expectativa, a la caza de la mala noticia y es ésta la que hace impacto.

Esta actitud de centrarnos en ‘el punto negro’ es muy frecuente: los esposos entre sí se reprochan sus defectos, olvidando las cualidades y virtudes del cónyuge; los padres de familia advierten a sus hijos su mala conducta, pero pasan por alto lo bueno que hace el hijo(a). E. Villagrán anota que “muchas veces los padres de familia se dirigen a los hijos para mandarlos, para castigarlos, para llamarles la atención, para corregirlos, pero muy pocas veces o ninguna para alabarlos, felicitarlos, motivarlos, aplaudirlos, reconocer sus cualidades, aciertos, éxitos y progresos”.

Y añade: “se debe felicitar, incentivar, agradecer, alentar, motivar a los hijos para que se sientan contentos y dispuestos a seguir luchando por su propio provecho y perfeccionamiento. A los hijos les agrada mucho escuchar de sus padres palabras de cariño y de entusiasmo; esto les ayuda a valorizar lo que hacen y a valorizarse como personas”. A quién no le agrada recibir una alabanza, una palabra de estímulo?. Reconocer lo mucho que hay de bueno en las personas es, en última instancia, un reconocimiento al Creador que ha distribuido sus perfecciones y talentos entre los hombres.

Todos los hombres somos una página en blanco en la que debemos escribir nuestra propia historia, construida a base del desarrollo de los muchos talentos que Dios nos ha dado. Ésta es nuestra gran responsabilidad, pero también nuestra mejor honra y satisfacción: hacer de la página en blanco un testimonio de la bondad que hay en nuestro ser.

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miércoles, 20 de mayo de 2015

La Pareja - Familia Está Llamada a la Perfección Cristiana

Tradicionalmente la pareja - familia estaba excluida de la posibilidad de llegar a
la perfección cristiana; se afirmaba que la santidad era ‘monopolio’ de los obispos y
de losreligiosos(as). En el siglo XVIII S. Alfonso M. De Liguori, Doctor de la iglesia,
en sus escritos pastorales reivindicó el derecho a la perfección cristiana de
todos los hombres, incluso de las parejas y familias. En el catálogo de los
santos han prevalecido los Papas, los clérigos y los religiosos; de las 1.000
personas canonizadas por Juan Pablo II, solo 75 han llevado vida de familia.
Esto revela que de verdad había un ‘monopolio’ de la santidad para unos pocos,
cuando la llamada a la santidad es para todos: “sed santos como Yo soy Santo”,
dice el Señor (Lev. 19,2).

Pero será con el Concilio Vaticano II cuando esta doctrina de la llamada universal a
la santidad tenga un pleno respaldo. La Constitución dogmática Lumen gentium en su
capítulo quinto afirma: “es, pues, completamente claro que todos los fieles de
cualquier estado o condición, están llamados a la plenitud de la vida cristiana
y a la perfección de la caridad” (n. 40). Refiriéndose a los esposos, dice:
“los esposos y padres cristianos, siguiendo su propio camino, mediante la
fidelidad en el amor, deben sostenerse mutuamente en la gracia a lo largo de
toda la vida e inculcar la doctrina cristiana y las virtudes evangélicas a los
hijos amorosamente recibidos de Dios” (n. 41).

Durante el Sínodo de Obispos sobre la familia (1.980) los padres sinodales sugirieron
al Papa Juan Pablo II canonizar al final del sínodo a una pareja de esposos; el Papa
estuvo de acuerdo y ordenó que escogiera la pareja; en aquel momento no fue posible,
pero posteriormente este mismo Papa elevó al honor de los altares como ‘beatos’
a los esposos italianos Quatrocchi, padres de varios hijos religiosos. Desde
entonces la iglesia ha reconocido la virtud heroica de varios esposos y esposas.
Un caso singular en la historia de la iglesia es la familia de S. Bernardo de
Claraval, llamada ‘la familia que alcanzó a Cristo’: en ella padres e hijos
todos han sido reconocidos como santos.

Un motivo histórico de la prevalencia de personas célibes en el catálogo de los
santos fue el prejuicio que se tuvo de frente a la sexualidad; se le consideraba como
fuente de pecado; lo único que excusaba de pecado en el ejercicio conyugal de la
sexualidad era la razón de servir a la procreación; modernamente, la sexualidad
ha sido reivindicada y se le mira como algo bueno y positivo; Dios creó al ser
humano como varón y mujer, y esto le pareció muy bien. El matrimonio que, a
causa de los prejuicios teológicos de otra época fue colocado en el último
lugar del ‘septenario’, hoy es considerado como el primer sacramento de la
historia; el ‘sacramento más antiguo’, lo llama un teólogo laico, Giorgio
Campanini.

La Lumen gentium afirma explícitamente: “los esposos se constituyen en testigos y
colaboradores de la fecundidad de la madre iglesia, como símbolo y participación de aquel
amor con que Cristo amó a su esposa y se entregó a sí mismo por ella” (n. 41). La
teología posconciliar ha desarrollado ampliamente algunas categorías nuevas en torno
a la pareja–familia como son: ‘imagen de la Trinidad’, ‘pequeña iglesia’,
‘templo de la vida’. Estas categorías revelan la alta dignidad de la
pareja-familia delante de Dios y de los hombres.

Juan Pablo II en la Familiaris consortio relievando la dignidad de la familia dedujo
la gran responsabilidad de realizar lo que ella misma es: “familia, sé lo que eres”.
Esta consigna la dijo aludiendo a la identidad y misión de la pareja-familia: “en
el designio de Dios Creador y Redentor la familia descubre no solo su
‘identidad’ –lo que es-, sino también su ‘misión’ lo que puede y debe hacer. El
cometido que ella por vocación de Dios está llamada a desempeñar en la
historia, brota de su mismo ser y representa su desarrollo dinámico y
existencial. Toda familia descubre y encuentra en sí misma la llamada
imborrable que define a la vez su dignidad y su responsabilidad: familia, sé lo
que eres” (FC. n. 17).

La perfección cristiana a la que está llamada la pareja-familia se inscribe en un
proceso dinámico de crecimiento; la Constitución pastoral del Concilio Vaticano II
Gaudium et spes, aludiendo a esta perfección humana y cristiana emplea
verbos en futuro: “con la unión íntima de sus personas y actividades se ayudan
y se sostienen mutuamente, adquieren conciencia de su unidad y la logran cada
vez más plenamente” (n. 48); “llegan cada vez más a su propia perfección y a su
mutua santificación y, por tanto, conjuntamente a la glorificación de Dios” (n.
48).

Cómo célula vital de la iglesia y de la comunidad es en la pareja y familia donde se
inicia el proceso de respuesta a la llamada de Dios a todos los hombres y mujeres a ser
santos como Él es Santo.

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miércoles, 13 de mayo de 2015

La Familia Cristiana, Una ‘Pequeña Iglesia’

Ésta fue una expresión frecuente en labios del Papa Juan Pablo II al referirse a la familia durante su pontificado; en la Exhortación Apostólica Familiaris consortio decenas de veces tornó a repetir esta expresión. En las Cartas de S. Pablo a varias de las comunidades cristianas de su tiempo, sea al comienzo o al final de las cartas, alude implícitamente a esta expresión del Papa: “saludad a la iglesia que se reúne en la casa de Prisca y Aquila” (Rom. 16,5 y I. Cor. 16,19); “os saludan todos los santos, especialmente los de casa del César” (Fil. 4,22), “saludad a los hermanos de Laodicea, a Ninfas y a la iglesia de su casa” (Col. 4,15).

Este saludo típico de Pablo merece una explicación: la comunidad cristiana primitiva aún no tenía templos en sus primeros años, para congregarse; la reunión litúrgica para proclamar la palabra y realizar la fracción del pan la hacían en la casas de los cristianos. Solo a partir del triunfo de Constantino sobre Majencio la iglesia logró la libertad para construir templos y basílicas. Hasta entonces fue la época de la iglesia de las ‘catacumbas’.

Fue S. Juan Crisóstomo, Patriarca en Constantinopla, el que comenzó a llamar explícitamente a la familia ‘pequeña iglesia’, ‘iglesia doméstica’. Posiblemente en día domingo, cuando los campesinos salen del campo a la ciudad o al pueblo para hacer las adquisiciones para la familia durante la semana, fue cuando el Sto. Patriarca, en la celebración eucarística les dijo: “hoy, al regresar a sus familias, reúnan a la esposa, a los hijos, a la servidumbre, y organicen una doble mesa: una para la oración y otra para la cena; hagan oración, lean la Palabra de Dios y repitan para todos ellos lo que han escuchado aquí en el templo; y concluía diciendo: “de este modo ustedes harán de sus familias una ‘pequeña iglesia’, ‘una iglesia doméstica’”.

La expresión ‘iglesia doméstica’, ‘pequeña iglesia’ no es solamente una fórmula elegante y eclesial para designar a la familia; tiene un fundamento muy especial que da lugar a una cuádruple glosa y que establece un cuádruple paralelo entre la iglesia y la familia:

-      El término ‘iglesia’, en primer lugar, hace referencia a la casa material: la gran casa o templo (basílica) que alberga a la comunidad cristiana y la pequeña casa que cobija al núcleo familiar.

-      El término ‘iglesia’ no solo alude al templo material; fundamentalmente hace relación a la comunidad cristiana, al grupo de creyentes que confiesa la fe cristiana; en segundo lugar, alude a la pequeña comunidad creyente que se congrega debajo del techo familiar.

-      En cada familia hay una mesa en torno a la cual la comunidad familiar se reúne para conversar, para las comidas, para cumplir las diversas faenas del hogar. Igualmente, en la gran iglesia hay una mesa, el altar; en torno a él se congrega la gran comunidad cristiana para celebrar la Eucaristía y demás funciones litúrgicas.

-      En la gran iglesia hay unos ministros que presiden la comunidad cristiana, como también en la familia hay unos miembros que ejercen la dirección de la comunidad familiar, los esposos y padres de familia que presiden la oración en la familia.

-      Algunos estudiosos han añadido un quinto paralelo: la cruz de Cristo en que Él se entrega plenamente a su esposa, la iglesia, y el lecho conyugal en que los esposos se dan uno al otro para “hacerse una sola carne”.

Estos cinco paralelos dan pie para comprender la gran dignidad de la familia cristiana; aquí encuentra fundamento la sentencia del Concilio Vaticano II cuando afirma de la familia que es “la célula primera y vital de la sociedad” (Apostolicam actuositatem n. 11). Si esto se afirma de la familia en relación a la sociedad civil, con mayor razón se debe afirmar de la familia cristiana en relación a la gran comunidad cristiana, la iglesia.

El Concilio Vaticano II se refirió a la familia cristiana con calificativos muy especiales para relievar su alta dignidad: la llama “escuela de humanismo” (Gaudium et spes n. 52), “primera escuela de virtudes sociales” (Gravisssimum educationis momentum n. 3), “debe ser para los hijos la primera sociedad e iglesia” (Gravisssimum educationis momentum n. 3). Con base en estas afirmaciones conciliares el Papa Juan Pablo II hizo la gran arenga a la familia: “Familia, sé lo que eres” (Familiaris consortio n. 17).

El Papa San Juan Pablo II explicó cómo entender esta arenga: “en el designio de Dios Creador y Redentor la familia descubre no solo su ‘identidad’, ‘lo que es’, sino también su ‘misión’, lo que puede y debe ‘hacer’. El cometido, que ella por vocación de Dios está llamada a desempeñar en la historia, brota de su mismo ser y representa su desarrollo dinámico y existencial. Toda  familia descubre y encuentra en sí misma la llamada imborrable, que define a la vez su dignidad y su responsabilidad: familia, sé lo que eres” (Familiaris consortio n. 17). Familia, sé lo que eres: una pequeña iglesia,

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miércoles, 6 de mayo de 2015

El Amor Conyugal: Es Mero Romanticismo de un Momento?

En un seminario para mujeres, el conferencista les pregunta a todas en voz alta. Cuántas de ustedes aman a sus esposos? Y todas levantaron la mano. Luego el conferencista  vuelve a preguntar: cuándo fue la última vez  que les dijeron a sus esposos que los aman?. Algunas dijeron: hoy, otras ayer, y otras no se acordaban.

Entonces el conferencista les dijo: tomen sus celulares y envíenles a sus esposos un mensaje de texto que diga: ‘te amo mi amor’.  Acto seguido,  pidió a toda que cambien celular con la mujer que tenía al lado, y estas fueron las respuestas más comunes que leyeron:

- Quién eres?

- Oye, mujer, estás enferma?

- Yo también te amo.

- Y ahora qué pasa: volviste a chocar el carro?

- No entiendo a qué te refieres!

- Qué has hecho ahora?

- ?!

- No le des mucha vuelta al asunto, y dime, cuánto es lo que necesitas?

- Estoy soñando?

- Si no me dices a quién iba dirigido este texto, alguien va a morir hoy…

- Pensé que nos habíamos puesto de acuerdo en el hecho de no beber de día.

- Tu madre se muda a vivir con nosotros, no es verdad?

Realmente, llama la atención que la palabra amor sea tan poco frecuente en el diálogo y en la relación de esposos. Hay un motivo: parecería que el amor es solo romanticismo en el período del noviazgo porque en cuanto los novios llegan al matrimonio, por razón del contrato (civil o eclesiástico), la relación conyugal se reduce a derechos y deberes de la pareja. Históricamente, en el siglo XII un Sumo Pontífice hizo borrar de la literatura jurídica sobre el matrimonio el término amor.

Con el Concilio Vaticano II se logró recuperar en el ambiente teológico, sobre todo, la palabra amor; el Papa Juan Pablo II llegó a designar el matrimonio como ‘el sacramento del amor’; un escritor alemán dijo que “el amor es el fundamento del matrimonio”; y un ilustre cardenal de la iglesia católica defendió con éxito en el Tribunal de la Rota Romana una causa de nulidad matrimonial apoyándose en el argumento de la no existencia del amor conyugal al momento de celebrar la boda.

Es un vacío que existe a nivel teológico, jurídico, pedagógico, pastoral, dentro de nuestra iglesia. Un distinguido psiquiatra español –Enrique Rojas- en su libro El amor inteligente, afirma que el hombre es un ‘analfabeta sentimental’; “a mí me decían de pequeño, escribe este autor, aquello de que los hombres no lloran y que hay que ser fuerte y aprender a guardarse los sentimientos, porque lo contrario era cosa de chicas”.

Juan Pablo II, en su primera encíclica Redemptor hominis (1.979) escribió que “el hombre no puede vivir sin amar; su vida permanece incomprensible, sin sentido, si no experimenta el amor, si no ama, si no es amado”. La razón es muy sencilla: creado a imagen de Dios que es Amor, el ser humano fue creado para amar. Refiriéndose a la vida de pareja, el amor forma parte de un trinomio: amor, sexo, unidad. Pablo VI en la Humanae vitae se refirió al amor conyugal y le señaló estas cuatro características: es un amor plenamente humano,  total, fiel y exclusivo, fecundo.

Los enamorados suelen decirse una gran verdad entre sí: ’hoy te quiero más que ayer, pero menos que mañana’; sin embargo, llegando al matrimonio parece que se cansan de expresarse el amor. Un signo de nuestro tiempo, que se revela entre los jóvenes particularmente, es que solo saben conjugar el verbo ‘amar’ en presente. Se amarán mañana también?. Está por ver…. Sin duda que aquí radica el problema mayor de las parejas de nuestro tiempo:

En este tema del amor, los padres de familia tienen una gran responsabilidad: su experiencia de vida, su ejemplo y testimonio, es la mejor escuela para sus hijos; éstos aprenden cómo se vive el amor de pareja viendo a sus padres amarse. Lo demuestra la historia de nuestros días: los hijos de parejas divididas, divorciadas, separadas, siguen por el mismo camino en el futuro. Incluso, ya de adolescentes no ven claro su porvenir, no le encuentran sentido a vivir en pareja.

El amor, por ser participación del amor de Dios, es DON y es también TAREA. Como Don, debemos saber valorarlo; como Tarea, debemos vivirlo humana y cristianamente.

Para más información, visite: www.iglesiasdomesticas.com

miércoles, 29 de abril de 2015

¡Solo Tres Meses Hasta La Boda!

Quedan más o menos tres meses hasta la boda y las preparaciones ya están bien en proceso. De hecho, justo el otro día Juan publicó en Facebook que habíamos alcanzado el hito de “cien días hasta la boda” y mi mamá me contó más tarde que cuando ella la vio casi entró en un pánico pensando en todo lo que hay que hacer todavía. A pesar de la locura del horario actual de Juan y yo en cuanto a trabajo y estudio, hemos logrado hacer algunas cosas desde nuestro último blog. Después de elegir las lecturas, pudimos hacer algunas decisiones de la música. Queremos tener música un tanto más tradicional, con “Oh Dios, sé mi visión” para la canción del ofertorio y un hermoso preludio de Ave María. Estoy todavía considerando tener partes de la Misa en latín. Puede ser una manera bonita de reflejar la iglesia universal ya que vamos a tener representados dos grupos idiomáticos.

En adición a las preparaciones de boda, hemos también entrado en un tiempo de preparación de matrimonio más intenso. El lunes pasado, tuvimos nuestra primera reunión con Juan y Carmen, el matrimonio monitor que va a trabajar con nosotros en el programa de preparación de matrimonio del arzobispado de Santiago. Estuvimos un poco nerviosos, por no saber qué esperar, y con un poco de aprehensión en cuanto a compartir detalles personales con desconocidos, ya que el programa es diseñado para cubrir temas sensibles, para asegurar que los novios han pensado y enfrentado a algunos de los temas más polémicos del matrimonio.

Nuestra primera sesión empezó con un poco de aventura y por aventura, quiero decir que nos perdimos completamente. Salimos para la reunión desde la universidad, después de estar todo el día trabajando (habíamos estado fuera de nuestros departamentos ya para 12 horas fijas). La casa de nuestro matrimonio monitor estaba bastante lejos de la universidad y no estuvimos seguros de cómo llegar. Solo teníamos una idea general de la ruta y los nombres de algunas calles, así planeamos llegar a la última parada del metro, de allí tomar un bus, y usar google maps para confirmar nuestra trayectoria. Fue un buen plan hasta que se murieron los dos celulares en el metro. Luego, no pudimos encontrar la parada de bus que no estaba donde pensábamos que iba a estar. Empezamos a caminar unas calles que sabíamos que eventualmente nos llevaría a la dirección correcta, con la esperanza de tomar un taxi cuando pasó.

Pero no pasó ningún taxi.

Al final caminamos/corrimos más o menos 3 km en una calle residencial (estaba llevando tacones además) y por suerte llegamos solo diez minutos atrasados, lo cual, por estándares chilenos, fue casi temprano.

Tocamos el timbre, sin saber que esperar y también un poco autoconsciente con respecto a nuestra apariencia un tanto desordenada después de tanto correr en ropa de trabajo. Carmen y Juan contestaron la puerta y amablemente nos dieron bienvenida. Empezamos con presentaciones y a Juan y yo nos gustó averiguar que son del movimiento Schoenstatt (un movimiento católico de sacerdotes, religiosos, matrimonios, y  hombres y mujeres solteros) con lo cual Juan y yo habíamos estado involucrado desde el año pasado.

Empezamos la sesión con una oración y Juan y Carmen nos invitaros a hablar sobre las actividades del libro de preparación matrimonial que habíamos preparado la semana antes. Aunque, como dije, entramos en la reunión con bastante aprensión, fue muy rico hablar sobre las actividades con ellos. Fueron muy atentos a lo que dijimos y compartieron sus propias experiencias con respecto a lo que nosotros estamos viviendo. Específicamente, nos dimos cuenta mientras leíamos el capítulo del libro que necesitamos manejar mejor el estrés provocado por nuestros horarios difíciles. Entre las clases que enseño y mi tesis, y el semestre difícil de Juan, hemos estado con frecuencia trabajando hasta las once por la noche, solo para despertarnos temprano el día siguiente. Ha sido tan loco que es suficientemente difícil encontrar tiempo para cocinar y lavar la ropa, y aún más difícil pasar tiempo juntos sin que el trabajo nos distraiga.

Cuando explicamos nuestra situación a Carmen y Juan, ellos nos recordaron que estos tiempos más difíciles o estresantes vendrán en ciclos durante nuestra vida, así es importante que cuando llegan, encontramos equilibrio entre nuestra relación y trabajo de una manera en que los dos podamos estar de acuerdo, enfoquemos en ayudarnos el uno al otro, y que no dejamos que el estrés cree discusiones.

Mientras Juan y yo lo hablamos más tarde, decidimos que necesitamos hacer una prioridad de tener una cita semanal, fuera de nuestros departamentos, y preferiblemente fuera del barrio donde vivimos. Aunque hemos preferido pasar nuestras citas viendo una película o cocinando juntos en uno de nuestros departamentos, mayormente para no gastar dinero y también porque vivimos en el centro de la cuidad así que el exterior está un tanto contaminado y ruidoso y no muy relajante. El problema es que nosotros estudiamos en nuestros departamentos, y yo hago la mayoría de mis planificaciones de enseñanza allí también. Nuestros departamentos efectivamente son nuestras oficinas y por lo tanto, es muy importante que nosotros salgamos, aun si solo para dar un paseo en el parque.

Nos sentimos muy bien al haber hecho una resolución para nosotros que creo que tendrá un impacto muy positivo en nuestra relación. Después de esta primera sesión, estuvimos emocionados para las próximas sesiones, las cuales involucrarán temas como el dinero, el planeamiento familiar y la sexualidad, la familia de origen, y otros temas importantes.

Si tienen un programa parecido en su diócesis y se sienten nerviosos o aprensivos al respecto, no se preocupen. Van a ganar mucho de la experiencia y aprender tanto de las áreas de su relación donde Dios te está pidiendo que mejoran como pareja.

Pero un consejo: Averiguen bien de antemano la ubicación de la reunión.